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CONSEJO ESTATAL PARA LA PREVENCIÓN Y ATENCIÓN DE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR
30 de octubre de 2009

"Si no reconocemos que hay derechos
específicos de las mujeres, no hay
derechos humanos”

“La violencia tiene su origen en este sistema patriarcal, en una cultura en la que se entiende a la familia como parte de la propiedad privada de los varones y en la que se ejerce el poder de éstos sobre las mujeres”, afirma María Teresa Zúñiga Preciado, Directora del Instituto de Educación Creativa Morada Infantil A. C. y especialista en Género y Violencia Intrafamiliar.

También integrante del Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (IMDEC), Teté, como es mejor conocida, sostiene que para entender la problemática de la violencia familiar, hay que partir de la discriminación y la opresión hacia las mujeres, ejercidas por un sistema social, político y económico liderado por los varones.

“Si no reconocemos que hay derechos específicos de las mujeres, no hay derechos humanos, y uno de los derechos de las mujeres es precisamente el de vivir libres de violencia, tanto ellas como sus familias”, expresó.

Respecto a los niños y las niñas, la Psicóloga destaca la importancia de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, el documento de la Organización de las Naciones Unidas, más firmado de la historia. Mismo que México firmó en 1990.

La Convención nos invita a sociedades y gobiernos, a pensar de otra manera la vida y las relaciones, a mirar de otra manera a la infancia. Colocándola en el lugar que se merece”, subrayó.

Detalló la importancia de permear esta visión de derechos de la niñez, a los servicios de salud y educación; el derecho a un medio ambiente saludable, mismos que, dijo, deben ser garantizados por el Estado.
“El Estado es el único garante de derechos. Los derechos de las mujeres existen, son. Pero no basta que nos sensibilicemos a reconocer que existen. Necesitamos gobiernos que los garanticen, lo mismo ocurre con los derechos de los niños y las niñas”.
“En la medida que nuestros gobiernos coloquen allí el andamiaje real que le de sostén a la construcción de una sociedad cuidadora, protectora, respetuosa de los niños y las niñas, las cosas serán de otra manera”, manifestó.
Zúñiga Preciado sostiene que si se garantizan estos derechos sociales, culturales, ambientales; estaremos creando condiciones de vida digna, lo cual permitirá que los integrantes de una familia construyan una convivencia armónica, solidaria y democrática, porque están resueltas sus necesidades básicas.
“Yo insisto mucho en la importancia de que se vea a la violencia intrafamiliar, dentro de un contexto de violencia estructural, social y económica, porque generalmente se dice: la violencia comienza en casa. Y yo tengo mis dudas”, advirtió.
Teté afirma que las familias, evidentemente tienen corresponsabilidad en la construcción de una sociedad pacífica, justa y democrática. Pero al mismo tiempo se pregunta “cómo puede vivir una familia, la construcción de la democracia, la justicia y la paz, si en su comunidad no hay justicia, no hay democracia, hay impunidad y no están satisfechas las necesidades de la gente, que son derechos”.
Agregó que la educación a los niños y niñas, no se limita a la labor educativa de un padre o una madre. Pues también educan los gobiernos, las iglesias, los medios de comunicación y las sociedades.
La educadora vislumbra una comunidad en donde las diferencias de las personas son enriquecedoras, donde todos y todas tenemos oportunidad de opinar; y donde expresar los sentimientos siempre es bienvenido.
Considerar que mi libertad termina donde empieza la del otro es asumir también este sentido de comunidad, como un valor. Si el adulto no viera a los niños con un menor valor, no los maltrataría. Si el varón no viera a la mujer con un menor valor, no la maltrataría”, puntualizó.